Mi GUITARRA ha ganado la BATALLA

Después de más de 10 años, por fin me he decidido…

Sabéis que soy una amante incondicional de la música, de todos y cada uno de los géneros musicales, sin desechar ninguno. Lo mismo escucho a Beethoven que a Linkin Park, a Pasión Vega que a Fangoria… o tirando pa’ nuestra tierra leonesa, un día me da por sumirme en el sonido country-folk de The Bright  y otro en el metal de Darkkam. En la variedad está el gusto y la diversión.mujer guitarra

Y como comentaba, después de mi primera experiencia y mi nulo desarrollo práctico durante estos años, al final me he lanzado a recibir clases de guitarra (acústica). Es una de mis asignaturas pendientes y esta vez no voy a fallar.

Todo comenzó cuando, el día de mi cumpleaños, mi padre me sorprendió con una española que nunca le había pedido. Tenía una explicación. Quería que aprendiese a tocarla para, después, enseñarle a él. Esta parte nunca se hizo realidad. La primera tampoco, claro está.

Mi primera canción fue “Desde Santurce a Bilbao”. Le siguieron canciones de un repertorio que cogí prestado al Ayto. de Villadangos. Después engañé a mis amigas para formar un pseudo-grupo que solo actuaba en la cocina de mi casa; nos hacíamos llamar “Las Desesperadas” o algo por el estilo. Desesperadas por componer una canción en condiciones.

20130421_122600A partir de ese momento, la guitarra solo salió de su funda en momentos de soledad e inspiración. Si me permitís ser un poco presuntuosa, os diré que algún que otro tema decente, ya con mi nueva guitarra, sí compuse… claro que aún siguen escondidos bajo el telón de la vergüenza.

Al ver mi lento progreso y la imposibilidad de hacer cejilla con mis pequeñas manos, la guitarra pasó a formar parte de un elemento más de la decoración de mi salón. Un elemento nunca olvidado, eso sí. Miraba mi “rubi”, como cariñosamente la apodé, y sentía tanto respeto que me daba miedo tocarla, no era digna de ella.

Y así, intentando seducirla con la mirada como si ella pudiese leer mis pensamientos y dejarse llevar, ha pasado el tiempo. Al final, ella ha ganado la batalla. Me ha enseñado que una guitarra no se conquista con la mirada, sino con las manos y con el corazón, acariciándola y sintiéndola.

Por ese motivo he decidido acudir al médico musical, al maestro de las cuerdas, para que me enseñe a tocar la guitarra y a percibir cada sonido con el alma. Tengo una necesidad imperiosa de hablar a través de ella y, aunque la siguiente asignatura pendiente que lleve a cabo sea la educación de mi voz, de momento, me dejaré llevar solo y únicamente por la música.

Os dejo con uno de los grandes… Kurt Cobain

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